La mañana en que fue liberado de prisión, salió a la calle con una vieja maleta en la mano y un peso insoportable en el pecho. Sin perder tiempo, llamó a un taxi y fue directo al cementerio. Cinco años atrás lo habían arrestado mientras se celebraba el funeral de su prometida, sin permitirle siquiera despedirse de la mujer que amaba. Durante todo ese tiempo tras las rejas, su único consuelo había sido imaginarse arrodillado ante su tumba, pidiéndole perdón.

El cementerio era un laberinto interminable y los datos que llevaba anotados en un papel resultaron insuficientes. Tras media hora de búsqueda desesperada, pidió ayuda a un anciano sepulturero. El hombre revisó el papel y lo condujo a una parcela apartada, muy distinta de la registrada oficialmente, donde se alzaba una lápida negra en forma de corazón. Estaba sorprendentemente bien cuidada, como si alguien la visitara a diario.
Con manos temblorosas, el joven se inclinó para dejar las flores sobre la tumba. En ese instante notó algo extraño en la textura de las letras grabadas en el mármol. Al acercarse un poco más, se quedó helado: la fecha de nacimiento no correspondía a la de su prometida, y la fecha de muerte era varios meses posterior a la que figuraba en los documentos oficiales. Confundido, pasó los dedos por los números, intentando comprender lo que veía.

Bajo la superficie pulida de la lápida se distinguían marcas de cifras antiguas: alguien había borrado las fechas originales y grabado otras nuevas encima. Aunque la fotografía era la de su prometida, la información que aparecía debajo contaba la historia de otra vida. Un miedo helado le recorrió el cuerpo; la persona enterrada allí no podía ser ella. Alguien había alterado deliberadamente la tumba o había ocultado su identidad bajo la de otro cadáver.

De pie frente a la sepultura, mientras el viento susurraba entre los árboles, comprendió que los hechos que lo llevaron a prisión no habían sido tan simples como siempre creyó. Si ella no yacía allí, ¿dónde estaba su prometida? Los años robados de su vida y la supuesta muerte de la mujer que amaba se apoyaban sobre una gran mentira. En su primer día de libertad, el joven entendió que acababa de caer en un juego mucho más oscuro… y juró vengarse.